-¡Ahora vas a ver lo que es sufrir, hijo de puta!- y sentí el golpe en la nuca. Quise explicarle que no era yo a quién buscaba, que se había equivocadote persona; pero cada vez que lo intentaba, me respondía con un soberbio: “nosotros no cometemos errores” y volvía a empujar mi cabeza al agua helada, casi hasta que se acabe el aire que podía mantener en mis pulmones.
Cuando pasamos a la electricidad traté de convencerlo de que me dejara ir, ya que nunca me había quitado la venda de los ojos, no le había visto la cara y si nos cruzábamos en la calle no iba a poder reconocerlo; pero no se dejaba persuadir.
Cada método que usa para hacerme confesar, es más doloroso que el anterior. Pero no tengo nada que confesar; le conté la historia de mi vida, todo lo que recuerdo hasta que llegó a mí; pero no parece ser lo que quiere escuchar. No es lo que está buscando. Tal vez no sea lo que está buscando porque encontró a la persona equivocada.
Ya perdí la cuenta, y no se hace cuanto sufro estas torturas, pero hay algo que sé con toda seguridad: éste que se hace llamar “karma” va a seguir con su juego hasta que alguno de los dos desaparezca. El muy necio está obsesionado conmigo y con mis “actos criminales no confesos” y por como se están dando las cosas, todo indica que voy a ser yo el primero en desaparecer.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario