-Sopla un viento fuerte de Oeste.-
-Viento del Este, lluvia como peste.-
-¿Y sí te encuentra?-
-Acá estoy, no me “escuendo”, no le temo.-
-Bárbaro, pero andá con cuidado.-
-Prefiero andar solo y sin calzado.-
-¿Sin calzado?-
-Sí, sin calzado. Así en patas nomás.-
-¿Y las manos?-
-A las diez y diez.-
-Las tuyas no, las del general.-
-Ah! Esas… a las nueve y cuarto; ¿te incomoda?-
-Para nada. ¿Y a vos?-
-A veces, pero lo puedo sobrellevar sin problemas.-
-¿Y cuándo hace frío?-
-Cuando hace frío bailan merengue, y cuando hace calor se echan a la sombra.-
-Se echan a la sombra y conversan y comparten y sonríen.-
-Y cuando está templado se toman de los meñiques y forman una ronda.-
-En el centro de la ronda: las medidas, las reglas y las normas.-
-Pero las ignoran, no les dan bolilla.-
-No les dan bolilla y las ignoran.-
-Claro, así son felices.-
-Son felices, me decís.-
-Lo afirmo mientras cuento vacas en camisón.-
-Es temprano, todavía no se pusieron el traje manchado.-
-Todavía no. Siguen en camisón, pero que bonitas les quedan las pantuflas.-
-Ahí canta el gallo, un tema de los Beatles y se prepara el mate.-
-Y sí, no puede salir a patinar con la panza vacía.-
-Como poder, puede. Ahora, creo que le sería complicado hacerlo si no encuentra los patines.-
-Lo hace en el barro, y se ensucia, y se divierte.-
-¿Invita a sus amigos?-
-Sólo los domingos, cuando la patrona no está.-
-De lunes a sábado patina solo, de cinco a seis.-
-De cinco a seis y de seis a siete.-
-Siete son los hermanos.-
-Y seis los tíos.-
Séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón. ¿Tenés balas de plata?-
-No, tengo bolas de oro. Las llevo en el bolsillo de la camisa.-
-Esa que Lucía te planchó con tanto cariño.-
-En realidad usó la plancha, y después comimos asado y tomamos Merlot.-
-¿Y de postre?-
-De postre había budín de pan, pero se lo llevaron las hormigas.-
-Yo las vi, pero no les presté atención.-
-Yo les presté media hora, pero nunca me la devolvieron. Calculando los intereses me deben como una semana.-
-¿Tanto? Usurero. ¿Alguna vez te pidieron algo a cambio cuando te regalaron una sonrisa?-
-No, porque eran regalos. Además yo se las retribuyo siempre.-
-Las sonrisas no se devuelven. El mejor presente para uno mismo es la sonrisa en la cara ajena.-
-Estamos de acuer… ¡Ay! ¡Mierda! Pisé mierda.
-“Shit happens”.-
-¿Y sí no?-
-Y si no, mejor. Pero, ¿cómo saber?-
-Sabiendo. Sabiendo a que sabe.-
-A mierda, ¿a qué va a saber? ¿A flores?-
-A Bohedo, o a Haedo. Flores en la Chacarita.-
-Atrás de todo, bien al fondo. Al final.-
-Al final no le temo, no me “escuendo” de él. Así sople un viento fuerte del Oeste y traiga olor a budín de pan saliendo del horno.-
martes, 31 de agosto de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
Capítulo 6
Te miro. Me mirás y te miro. Fijamente te miro a los ojos y me zambullo en tu mirada. Inhalo profundamente para llenarme de tu perfume y aprieto las manos para quedarme con el aire que nos rodea.
Me tomo un instante mientras te miro, para guardarme ese aire en el bolsillo. Así lo puedo llevar siempre conmigo.
Hago uno, dos, tres pasos y me acerco más a vos. Pongo mi mano en tu cintura mientras la sangre viaja a velocidades inmensurables por mis extremidades.
Tomo una pausa para mirarte de cerca y disfrutar la cercanía. Te jalo hacia mí y aprieto tu cuerpo contra el mío. Pongo mis brazos en tu espalda mientras vos hacés lo mismo. Siento el calor de tu cuerpo en mi pecho, siento tus caricias en mi espalda. Siento que nos quedamos sin aire por lo fuerte que nos apretamos, y eso nos conforta en lugar de preocuparnos.
Te siento conmigo mientras el resto del mundo desaparece y nos perdemos en la nebulosa de saber que nos tenemos.
Te siento sonreír al escuchar el silencio entre los latidos de nuestros corazones, cada vez más acelerados y darte cuenta que palpitan al unísono. Como si fueran uno; como si fuéramos uno.
Me tomo un instante mientras te miro, para guardarme ese aire en el bolsillo. Así lo puedo llevar siempre conmigo.
Hago uno, dos, tres pasos y me acerco más a vos. Pongo mi mano en tu cintura mientras la sangre viaja a velocidades inmensurables por mis extremidades.
Tomo una pausa para mirarte de cerca y disfrutar la cercanía. Te jalo hacia mí y aprieto tu cuerpo contra el mío. Pongo mis brazos en tu espalda mientras vos hacés lo mismo. Siento el calor de tu cuerpo en mi pecho, siento tus caricias en mi espalda. Siento que nos quedamos sin aire por lo fuerte que nos apretamos, y eso nos conforta en lugar de preocuparnos.
Te siento conmigo mientras el resto del mundo desaparece y nos perdemos en la nebulosa de saber que nos tenemos.
Te siento sonreír al escuchar el silencio entre los latidos de nuestros corazones, cada vez más acelerados y darte cuenta que palpitan al unísono. Como si fueran uno; como si fuéramos uno.
martes, 17 de agosto de 2010
Te juro en silencio
Estás pensando en ella. Lo sé muy bien. Me lo dicen tus lágrimas sonrientes y tus labios mudos temblorosos.
Hacía tiempo que esto no te pasaba, y te sentías culpable; aunque la extrañes a diario, en lo cotidiano.
Me pone feliz que aún la pienses, que ella te de fuerzas en la situación adversa que nos tocó compartir. Te da fuerzas y te encuentra en la angustia. Mezcla explosiva de cocteles molotov y botellas de Johnny rojo. Mezcla única que te convierte en lo que sos, en lo que admiro y me gustaría ser también.
Tenés ganas de contarme de ella, pero cada vez que el aire intenta salir de tu boca se te quiebra la voz y se transforma en un gemido suspiroso que, sabés, me dice más que cualquier colección de palabras quisieras pronunciar.
A través de vos aprendí a amarla también yo. Y aunque nunca te lo haya dicho lo leíste en mi cara y mientras damos los últimos pasos del corredor te juro en silencio que mi última lágrima será para ella, libertad.
Hacía tiempo que esto no te pasaba, y te sentías culpable; aunque la extrañes a diario, en lo cotidiano.
Me pone feliz que aún la pienses, que ella te de fuerzas en la situación adversa que nos tocó compartir. Te da fuerzas y te encuentra en la angustia. Mezcla explosiva de cocteles molotov y botellas de Johnny rojo. Mezcla única que te convierte en lo que sos, en lo que admiro y me gustaría ser también.
Tenés ganas de contarme de ella, pero cada vez que el aire intenta salir de tu boca se te quiebra la voz y se transforma en un gemido suspiroso que, sabés, me dice más que cualquier colección de palabras quisieras pronunciar.
A través de vos aprendí a amarla también yo. Y aunque nunca te lo haya dicho lo leíste en mi cara y mientras damos los últimos pasos del corredor te juro en silencio que mi última lágrima será para ella, libertad.
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Desde el bobo,
Te juro en silencio
martes, 10 de agosto de 2010
Sala de (des)espera(nza)
Le pedí una y mil veces que me dejara pasar, sólo me faltó arrodillarme y rogar. Pero no quería hacer una escena.
Nunca vi a alguien tan desesperado como él. Entiendo sus ganas de subir, pero hay que respetar las reglas.
Sólo quería ir a verla, nada más. No creo que sea mucho pedir.
Lo escuché y lo escuché. Traté de tranquilizarlo, pero no tuve éxito.
Le expliqué que aquel era el momento para subir, que tenía que ser entonces, que no había alternativas.
Le expliqué que en ese momento no podría subir, pero que habría otras oportunidades.
Me dijo que necesitaba descansar entonces, que yo sólo la incomodaría; como si él supiese que era lo mejor para ella.
Quise hacerle entender que lo mejor para ella era descansar en ese momento, que iba a tener otra chance de verla.
Me dio argumento vacío tras argumento vacío, estaba tan convencido de lo que tenía que hacer que ni siquiera quiso escucharme.
Le expliqué las razones de los horarios de vista, hasta le pedí por favor que no comprometiese mi trabajo.
Yo solamente quería despedirme, me costó más que nada en el mundo juntar valor para hacerlo; y éste me dijo que no podría hacerlo. No sabía si iba a tener el coraje de hacerlo en otra ocasión, pero sentía muy dentro de mí que no iba a tener otra chance.
Cuando me dijo que se había cansado de esta “discusión tonta”, me sentí aliviado; pero después lo vi sentarse en la sala de espera en lugar de salir por la puerta y confieso que me asusté.
Decidí sentarme a esperar a que me dejaran pasar, tal vez en un acto de desobediencia, o tal vez esperando algo de compasión; pero no me iba a ir sin verla.
Decidí ignorarlo, ya que no estaba haciendo nada que ameritase que le pidiese a seguridad que lo acompañe hasta la puerta.
Es increíble la indiferencia con la que me trató, no se le movió ni un pelo; ¿será que no tiene corazón?
Traté de terminar la noche en paz, no quería hacer nada que lo altere, me faltaban sólo dos horas para terminar mi guardia y ya estaba pensando en que mi negra me esperaría con el mate listo.
Se puso a hablar con un médico, ¡lo único que faltaba! Sí por lo menos me hubiese ofrecido un café calentito... sabía que mi intención era esperar aquí y podría haber hecho la espera más llevadera, pero, ¡no! El señorito decidió ponerse a parlotear.
Supuse que estaba hablando de mí porque me miraba de reojo, y eso me ponía un poco incómodo.
Después de haber hablado con el doctor Fernández pude entender que a veces es necesario romper las reglas, aunque ya era tarde. Ahora me arrepiento de no haberlo dejado subir. Ahora que miro al doctor decirle que ya no es necesario que espere, que puede pasar a verla... aunque sea tarde para despedirse.
Nunca vi a alguien tan desesperado como él. Entiendo sus ganas de subir, pero hay que respetar las reglas.
Sólo quería ir a verla, nada más. No creo que sea mucho pedir.
Lo escuché y lo escuché. Traté de tranquilizarlo, pero no tuve éxito.
Le expliqué que aquel era el momento para subir, que tenía que ser entonces, que no había alternativas.
Le expliqué que en ese momento no podría subir, pero que habría otras oportunidades.
Me dijo que necesitaba descansar entonces, que yo sólo la incomodaría; como si él supiese que era lo mejor para ella.
Quise hacerle entender que lo mejor para ella era descansar en ese momento, que iba a tener otra chance de verla.
Me dio argumento vacío tras argumento vacío, estaba tan convencido de lo que tenía que hacer que ni siquiera quiso escucharme.
Le expliqué las razones de los horarios de vista, hasta le pedí por favor que no comprometiese mi trabajo.
Yo solamente quería despedirme, me costó más que nada en el mundo juntar valor para hacerlo; y éste me dijo que no podría hacerlo. No sabía si iba a tener el coraje de hacerlo en otra ocasión, pero sentía muy dentro de mí que no iba a tener otra chance.
Cuando me dijo que se había cansado de esta “discusión tonta”, me sentí aliviado; pero después lo vi sentarse en la sala de espera en lugar de salir por la puerta y confieso que me asusté.
Decidí sentarme a esperar a que me dejaran pasar, tal vez en un acto de desobediencia, o tal vez esperando algo de compasión; pero no me iba a ir sin verla.
Decidí ignorarlo, ya que no estaba haciendo nada que ameritase que le pidiese a seguridad que lo acompañe hasta la puerta.
Es increíble la indiferencia con la que me trató, no se le movió ni un pelo; ¿será que no tiene corazón?
Traté de terminar la noche en paz, no quería hacer nada que lo altere, me faltaban sólo dos horas para terminar mi guardia y ya estaba pensando en que mi negra me esperaría con el mate listo.
Se puso a hablar con un médico, ¡lo único que faltaba! Sí por lo menos me hubiese ofrecido un café calentito... sabía que mi intención era esperar aquí y podría haber hecho la espera más llevadera, pero, ¡no! El señorito decidió ponerse a parlotear.
Supuse que estaba hablando de mí porque me miraba de reojo, y eso me ponía un poco incómodo.
Después de haber hablado con el doctor Fernández pude entender que a veces es necesario romper las reglas, aunque ya era tarde. Ahora me arrepiento de no haberlo dejado subir. Ahora que miro al doctor decirle que ya no es necesario que espere, que puede pasar a verla... aunque sea tarde para despedirse.
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martes, 3 de agosto de 2010
Comer como ellos comen
Es increíble que haya gente tratando de demostrar tu existencia, y cuando fracasan otra vez dicen que vivís en nuestros corazones; que es una cuestión de fe, o un sentimiento.
Ahora que abro la puerta del baño y te encuentro masturbándote frente al espejo, quisiera ser como ellos y comer como ellos comen.
Ahora que abro la puerta del baño y te encuentro masturbándote frente al espejo, quisiera ser como ellos y comer como ellos comen.
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