miércoles, 31 de marzo de 2010

Gobierno del corazón

A los que nos gobierna el corazón la risa nos sale bien de adentro, y se nos ve en los ojos. Esos ojos que suelen inundarse seguido, porque sentimos las injusticias del mundo en nuestra carne, aunque el cerebro nos diga que no nos afectan y la panza nos diga que está llena.
Los gobernados por el corazón, a veces somos catalogados de impulsivos o hasta cabrones, pero lo que más nos define es que somos enamoradizos; que nos gusta compartir lo que tenemos y lo que no.
A los que nos gobierna el corazón nos marcan nuestras luchas; y aunque a veces no salgamos victoriosos llevamos siempre la frente en alto porque dejamos la vida en cada batalla.
Los gobernados por el corazón, dejamos la vida en la vida.

Todos arriba

Cuando alguno de nosotros decide dejar a los demás, termina muriendo ahogado, aplastado contra la pared o en un plato de comida.
Nuestro lugar es la cima, pero para estar allí debemos estar todos juntos; juntos somos una fuerza increíble, capaz de atraer al más necio.
En soledad, fuera de lugar, somos repulsivos y hasta causamos temor. Debemos mantener la unidad aunque nos cueste discusiones interminables. Debemos mantenerla por el bien común; porque cuando quedamos pocos ahí arriba, nos podan a todos.
Nuestro lugar es en lo más alto de la humanidad, pero nadie nos dijo que iba a ser difícil mantenernos allí. Nadie nos dijo que iba a ser difícil ser un cabello.

Memories

Memories don’t lie… often enough.

martes, 23 de marzo de 2010

El tiempo

El tiempo se va, se va y no vuelve.
Dicen algunos que vuela, pero no tiene alas.
Dicen otros que corre, pero no tiene piernas.
El tiempo podrá volar sin alas, correr sin piernas.
El tiempo se va, se va y no vuelve.

Sueño

Cuando entraron en su casa, a revisar sus pertenencias, encontraron la nota sobre la cama:
“Es culpa tuya. Que la carga te quite el sueño, como vos me lo quitaste a mí.
Qué bueno que el pavimento me ayudó a encontrar el sueño eterno.”

martes, 16 de marzo de 2010

Trato justo

Tratando de ser justo. Tratando que la razón gobierne al corazón.

Bobo

Ahí está. Malherido otra vez. Sobrevivió siempre. Esta vez no será la excepción. Va a curarse, para volver otra vez a la unidad de terapia intensiva en el futuro.
El corazón es así, con sus altibajos en cuanto a la salud. A veces parece que no puede dejar de bombear sangre, y otras parece no tener más ganas de latir.
Sana, y sana otra vez, tan sólo para volver a lastimarse profundamente.

viernes, 12 de marzo de 2010

Nube

Hoy me vestí de nube otra vez. Prefiero el disfraz de día soleado, el que hace reír, pero no lo encuentro. ¿Te lo habrás llevado por error? Te llevaste tantas cosas contigo, pero, ¿Por qué el disfraz de día soleado? ¿Por qué la luz? ¿Por qué el calor? ¿Por qué te culpo? ¿Y sí lo perdí yo? ¿Y sí se confundió el muchacho de la lavandería? No lo sé, y no importa tampoco.
Hoy soy una gran nube gris. Floto en el aire, sin dirección. No voy a ningún lado porque no tengo donde ir. Me quedo a arruinarle la tarde a los que disfrutan del parque, de la playa. Ellos prefieren el día soleado. ¿Y yo? Yo también. Pero no me puedo despejar.
Soy una gran nube gris que hará llover por sus ojos hasta desvanecerse.

De nuevo, otra vez

Sigo abrazado a tu ausencia. La misma que no me deja dormir. Te extraño, me hacés falta. Aunque no te necesite para vivir, necesito lo que te llevaste de mí.
Quisiera volver a sonreír, volver a mentirme y dejarme mentir, porque aunque yo lo acabe de descubrir, vos siempre supiste que era así. Siempre supiste que era todo una mentira, pequeña Súcubo.

martes, 9 de marzo de 2010

Visita

Hoy al despertar me di cuenta que anoche tampoco me viniste a visitar. Quisiera que lo mantengamos así por un tiempo. No sé cuanto, pero no quiero esperar tu visita esta noche.
Reconozco que tiempo atrás tuve mis fantasías al respecto, pero fueron sólo eso, fantasías. Fantaseaba con que me visites, o que visites a otras personas; pero aprendí que solés hacer las cosas a tu manera. A veces te llamamos gritando con todo el aire de nuestros pulmones, y nada; otras veces te ignoramos y nos sorprendes con tu visita. En algunos casos obtenemos el resultado esperado, pero tan sólo por decisión tuya.
En un futuro, espero lejano, cuando me visites te voy a preparar un café. El más rico que hayas tomado; también voy a comprar facturas, espero que te gusten las rellenas con dulce de leche. Me gustarías que hablemos, que hablemos largo y tendido a calzón quitado. Que discutamos historia y política; que abramos nuestros corazones y compartamos nuestros amores y desamores; que charlemos de amistad, de guerra y de arte, que…
-Hola- no te esperaba en este momento. No estoy listo todavía. No hay facturas y no hay café. -¿Qué? ¿No querés hablar?- Era de esperarse, siempre hacés las cosas a tu manera. -¿No puede ser en otro momento? ¿No? Está bien, llevame contigo. Pero te pido un favor: que sea rápido…-

Mi sostenido en clave de sol

Se dice que nadie en este mundo es necesario, mucho menos imprescindible. Pero yo me necesito. No puedo vivir sin mí, por más que lo intente, no puedo dejarme.
Nunca pude escapar de mí. No pude escapar de mi piel, y mucho menos de mi mente. Preso de mi mismo, sujeto a mi propia voluntad. Todo sistema de voluntades es injusto, yo no soy la excepción.
Déspota, dictador, tirano; derrocado y puesto al mando tantas veces como fueron necesarias, tantas veces como amaneceres hubo en mi vida. En cada amanecer recupero la voluntad y con ella la injusticia que había dejado en la almohada.
Es muy cierto que, en realidad, la parte de mí que está al mando es la insurrecta; la que sale más de noche porque la maquinaria represiva de mi parte representativa descansa. Pero de día también está; y la podemos ver en los graffitis, en las consignas pintadas en mí.
Dualidad y contradicción. Sin bien y sin mal, sin héroe ni villano. Sólo conmigo. Abrazado a mí, sin dejarme ir. Necesito soltarme, pero no puedo. Soy mi pasado y mi presente, condenado a ser mi futuro. Cadena perpetua en la más antigua de las prisiones, uno mismo. Cárcel de máxima seguridad, que para escapar hay que dejar el último aliento y exhalar por última vez. Así se obtiene la libertad, libertad que no se puede disfrutar.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Contradicción dolorosa

Siempre estuviste presente. En cada pálpito, en cada paso. Cuando pensé que te había dejado atrás me alcanzaste, como siempre.
A veces corrés de atrás, bien por detrás y no me dejás más remedio que disminuir la velocidad de la marcha, tomarme mi tiempo, dar un paso al costado; para tenerte conmigo.
¿Sabés? A veces me gustaría dejarte, aunque sea por un instante, en el cajón de la mesita de luz; entre los preservativos y los dientes postizos. Pero me cuesta hacerlo. Me cuesta hacerlo porque vos me recordás a diario que estoy vivo. Traes a mi lo bueno y lo malo; lo que vino y lo que vendrá. Son esos instantes en que más te tengo, los que menos te quiero conmigo; necesito tanto despegarme de vos que te aprieto fuerte para que te quedes conmigo.
Ay dolor, hoy hiciste correr otra lágrima por mis mejillas.

Paradoja II

Aunque no creo en la casualidad, soy su víctima a diario.