lunes, 27 de diciembre de 2010

Fiebre

Me mirás con tu boca al hablarme con tus ojos. ¿Y yo? Un semidiós con panza en medio de una película de vaqueros. Delirio de fiebre. Fiebre que me provocás cada vez que te acurrucás entre mis brazos y me besás. Me besás con amor; me besás con deseo y te devorás mi cuerpo feliz.
Vine a escuchar Led Zeppelin IV y me llevaste de paseo en el último bondi a Finisterre para pernoctar en el Morrison Hotel.
¿Quién lleva los pantalones en la relación, cuando nos llevamos tan bien sin ellos? ¿Las riendas? - ¡No! ¡Sin ataduras!- grito mientras me contenés con tu sonrisa.
¡Qué no nos quiten la cinta! ¡Qué no se nos pase! Que sí, que no, que nos elegimos a diario para satisfacer nuestros cuerpos y nuestras almas.
Donde no llegan la ciencia ni la religión es el lugar done nos vinimos a situar, soltándolo todo para tenernos el uno al otro. Y la temperatura sube nuevamente porque me das fiebre y necesito de vos; y te doy fiebre y necesitás de mí. Delirios de calor, de sudor, de caricias desenfrenadas, de besos apasionados que terminan en un orgasmo febril.
Fiebre, fiebre, fiebre.