Sonó el timbre, desafinado como todos los lunes. Bajó las escaleras y abrió la puerta.
Había recibido un telegrama.
Solamente a la humanidad se le ocurre despedir a dios.
martes, 5 de enero de 2010
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"En el Río de la Plata, llamamos bobo al corazón. Y no porque se enamora: lo llamamos bobo por lo mucho que trabaja." Eduardo Galeano
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