lunes, 18 de enero de 2010

Juego de escondidas

Hoy me encontró la angustia, en este juego de escondidas que algunos llaman tiempo; es la que mejor sabe buscar cuando le toca su turno.
La alegría es muy distraída, y la verdad es que cuando le toca buscar se cuelga hasta que todos salimos y tratamos de encontrarla para volver a explicarle las reglas del juego, pero no la encontramos; y cuando lo hacemos y parece que entendió lo intenta de nuevo, pero esta escenita se repite una vez tras otra.
La ira usa una técnica especial, sale descabelladamente contra todo, y cuando encuentra a alguien lo envuelve y juntos salen a buscar a alguien más, formando así una suerte de bola de nieve que crece y crece sin cesar hasta chocar con el amor.
El amor está siempre ahí, dispuesto a dejarse aplastar por la bola de nieve una vez tras otra hasta desarmarla. El amor no es el mejor jugador a la hora de buscar, pero a la hora de esconderse… sí que sabe lo que hace. Es muy difícil de encontrar, y cuando uno piensa que lo consiguió, se escabulló para otro lado el muy pillo.
La soledad es la más fácil de encontrar cuando le toca esconderse, pero nunca está sola, siempre está en compañía de la angustia o el dolor. La soledad nunca está sola, porque la soledad no se aguanta.
Las ganas son muy ansiosas, y cuando les toca buscar se van por todos lados. Las ganas se van… se van…

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