Tomá, dijo él, y le entregó la caja.
Gracias, dijo ella mientras la tomaba. ¡A ver! Exclamó mientras la abría.
No puedo aceptarlo, dijo ella en el instante en que vio que él le estaba regalando todo su dolor.
Él salió al balcón de su octavo “b”. Allí lo esperaba el pavimento.
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