martes, 1 de junio de 2010

Se va pedaleando, viene pedaleando

No fue así como Gaspar relató su accidente… pero así lo escuché yo

Cuando abrí los ojos vi una multitud de personas a mi alrededor. El cemento caliente por el sol del medio día quemaba mi espalda, mi ropa estaba rasgada y tenía unos raspones.
Nadie me ofreció ayuda, estaban allí sólo de testigos del accidente. Muchos de ellos se decepcionaron cuando me levanté y caminé hasta mi bicicleta; su morbo esperaba un cadáver.
Levanté mi bicicleta del suelo, me monté en ella y comencé a pedalear. Es cierto lo que dicen: uno nunca se olvida de cómo hacerlo, ni siquiera después de un terrible golpe en la cabeza.
Fui a un bar cercano, dejando el gentío atrás. Até a “la poderosa” afuera, en el cantero de la calle Urquiza; abrí la puerta y me senté en una mesa cercana a la ventana.
Cuando vino el mozo le pedí un café con leche, dos tostadas con mermelada de frutillas y un vaso de agua.
Pasaron unos minutos y apoyó mi pedido sobre la mesa. El café con leche y las tostadas tuvieron sabor a poco, pero no podía pagar más así que debía conformarme con ese bocadillo.
Tomé el vaso de agua con mi mano izquierda, y cuando estaba a punto de beber de él vi mi reflejo en el mismo; vi los raspones y la sangre seca. Vi lo que no quería ver. Vi que en el accidente había muerto el hombre. Vi también que el espacio que dejó mi humanidad fue ocupado por la bestia.
La muerte de un hombre, el nacimiento de la indiferencia.

2 comentarios:

  1. zarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrpadooo, no lo habia escuchado asi, pero me gusta gusta

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