Te miro. Me mirás y te miro. Fijamente te miro a los ojos y me zambullo en tu mirada. Inhalo profundamente para llenarme de tu perfume y aprieto las manos para quedarme con el aire que nos rodea.
Me tomo un instante mientras te miro, para guardarme ese aire en el bolsillo. Así lo puedo llevar siempre conmigo.
Hago uno, dos, tres pasos y me acerco más a vos. Pongo mi mano en tu cintura mientras la sangre viaja a velocidades inmensurables por mis extremidades.
Tomo una pausa para mirarte de cerca y disfrutar la cercanía. Te jalo hacia mí y aprieto tu cuerpo contra el mío. Pongo mis brazos en tu espalda mientras vos hacés lo mismo. Siento el calor de tu cuerpo en mi pecho, siento tus caricias en mi espalda. Siento que nos quedamos sin aire por lo fuerte que nos apretamos, y eso nos conforta en lugar de preocuparnos.
Te siento conmigo mientras el resto del mundo desaparece y nos perdemos en la nebulosa de saber que nos tenemos.
Te siento sonreír al escuchar el silencio entre los latidos de nuestros corazones, cada vez más acelerados y darte cuenta que palpitan al unísono. Como si fueran uno; como si fuéramos uno.
martes, 24 de agosto de 2010
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