martes, 23 de febrero de 2010

El agujero en el cristal

La luz besaba el agujero en el cristal que había dejado la roca, y decidieron escapar por allí.
¿Quién habrá arrojado el proyectil desde afuera? ¿Por qué lo habrá hecho? Son preguntas que ninguno se atrevió a hacerse. Lo importante era no estar más confinados a la prisión de cristal.
De manera improvisada, y sin organización alguna, comenzaron a atravesar el agujero. ¿Qué les esperará del otro lado? ¿Qué habrá detrás del cristal además de rocas? Después de todo, lo único que conocen del otro lado del cristal es esa roca que les cambió la rutina.
Los sueños y las ilusiones, no son organizados; son incontrolables, impulsivos e ilógicos. Es por eso que estaban encarcelados. Porque el padre de todos los niños los detesta y tan sólo estaba esperando el momento justo para llevarlos a su nueva jaula. Nunca los va a dejar en libertad, siempre los tuvo en la palma de su mano, siempre bajo control. Mientras él esté aquí no habrá niños en libertad; ni siquiera habrá niños, sino pequeños hombres; tampoco libertad, sino cárceles más grandes.
¡MALDITO PADRE DE TODOS LOS NIÑOS!
¡MALDITO ESTADO!
-Quisiera poder matarte, pero sigo encarcelado… ¡Ay cuando consiga escapar, nos las vas a pagar!- pensaba en su celda mientras acariciaba a la esperanza.
La esperanza es la encargada de avivar las llamas, de alimentar a los sueños y a las ilusiones; a esos quienes son todos los niños; porque la esperanza sabe que pronto, prontito; todos los niños estarán listos para el parricidio.

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